Mi Visión de la Cuenca Minera de Riotinto,Otro Mundo.
jueves, 24 de mayo de 2012
"Un Charco de Otro Mundo"
La excursión ya estaba preparada, había quedado con Antonio Romero para ir a Corta Salomón. Así que quedamos en el Restaurante Época a primera hora de la tarde y tras tomar un café nos dirigimos a explorar terrenos mineros que yo nunca había visto antes. Era la primera vez que iba con Él a hacer una ruta y sabía que tenía por delante una gran tarde fotográfica. Estaba muy ilusionado, percibía que me lo iba a pasar en grande y sobretodo que aprendería muchísimo a su lado.
Nos dirigimos en coche hacia Nerva y aparcamos en un carril cercano al cementerio. La tarde se estaba poniendo perfecta, el sol brillaba entre preciosas nubes que hacían el paisaje aún más sorprendente.
Primero fuimos a Pozo Acceso y me encantó. Es un lugar que siempre había visto desde lejos y esta vez estaba contemplándolo de cerca. Así que nada más empezar la ruta ya estaba alucinando. A continuación nos dirigimos a la zona de las Teleras, otro nuevo rincón que estaba en mi lista de sitios no visitados y, como no, también me encantó. Pensaba en la cantidad de humos perjudiciales que habían salido por ellas, en la multitud de personas que lo habían sufrido, en el año de los Tiros, en fin, me trasladé a un pasado difícil en la Cuenca y eso me apenaba a la misma vez que disfrutaba haciendo fotografías. De nuevo reiniciamos la marcha dirección a Corta Salomón. Todo el terreno que íbamos recorriendo era de película, me sentía en otro planeta, como suelo decir, en Otro Mundo.
A veces las cosas más insignificantes pueden ser las más atractivas, y eso, como otras muchas veces, me volvió a pasar. Mientras íbamos caminando un charco de aguas rojizas llamó nuestra atención.Su color, su forma, su ubicación, todo el conjunto era mágico y nuestras cámaras se pusieron en funcionamiento hasta el punto de ponerse al rojo vivo. A mi siempre me había atraído el agua, pero puedo asegurar que fue en ese lugar donde Antonio me hizo apreciarla más. La sensación era indescriptible, estábamos solos, rodeados de terrenos mineros inertes, antiguamente vivos. El silencio se hacía notar, tan solo el sonido de nuestras cámaras y los rugidos del viento eran nuestra compañía. Aquel liquido retenido parecía estar esperando nuestra llegada. Se convirtió en el protagonista de nuestra jornada fotográfica y eso que no entraba en los planes de nuestra ruta. Ya desde lejos nos estaba llamando y nada más acercarme sabía que iba a tener una entrada en mi blog. El viento movía su agua borrando los bonitos espejos que se formaban y nosotros esperábamos muy gustosamente a que éste se calmara. Cuando el aire aflojaba disponíamos de pocos segundos para hacer unas cuantas tomas antes de que volviera a soplar,igual que un gigante enfadado.
Tras un buen rato decidimos continuar caminando ya que aún quedaban sitios por visitar y teníamos que guardar un hueco en nuestra tarjeta de memoria. El resto de la ruta la hicimos a la perfección hasta llegar a la Corta. Allí descansamos un rato y una vez realizadas las fotografías correspondientes tomamos el camino de regreso. A la vuelta pasamos por un charco más grande que el anterior y también muy atractivo. Aquí nos paramos otro ratito pero mi tarjeta me dijo que ya no le cabían más fotos, estaba llena de momentos irrepetibles que me sorprenderían una y otra vez al contemplarlos en la pantalla de mi ordenador.
¿Cómo se puede disfrutar tanto con un simple charco? Pues esto y muchas cosas más es lo que aprendí de mi amigo Antonio. Disfrutamos de una gran tarde en la Cuenca y regresamos a casa contentos del trabajo realizado. Yo personalmente llegué a casa en una nube, me lo había pasado tan bien que no daba crédito a todas las maravillas que había visto y a lo bien que nos habíamos acoplado mi compañero y yo.
Y es que a veces las cosas más insignificantes pueden ser las más atractivas....
viernes, 11 de mayo de 2012
"Acebuche Milenario"
Quería ir a un sitio nuevo para mi, que no hubiera estado antes, y me dieron un folleto de Zalamea la Real que me vino como anillo al dedo. En él hablaban de un árbol milenario, concretamente de un Acebuche, que se salvó del gran incendio ocurrido en 2004. Comentaban su importancia, destacando que era Monumento Natural de Andalucía, pero lo que no comentaban era lo más importante, que encontrarlo era casi imposible debido a la ausencia de señalización, hecho que sin duda comprobamos la mañana que decidimos ir a visitarlo.
Lo único que ponía es que se encontraba en la Finca del Espinillo, así que lo primero que hice fue preguntar a mis familiares dónde se encontraba la citada finca. Rápido me comentaron que tenía que pasar Zalamea dirección Huelva, tomar el desvío hacia el Berrocal, y una vez pasado el Membrillo Bajo, me encontraría con la finca a la derecha. Como había quedado con Antonio Romero y con mi padre para ir a los Dólmenes del Pozuelo, aprovecharíamos para pasar primero a ver el famoso árbol, serian 5 minutos, o al menos, eso es lo que nos pensábamos.
Salimos del Alto, fuimos a buscar a Antonio y tomamos rumbo a nuestro destino. Pasamos el Membrillo y más adelante a la derecha vimos la entrada al Espinillo. Tras dejar el coche en la puerta, entramos y contactamos con un caballero. Nos dijo que estaba justo al otro lado de la carretera pero que no sabía indicarnos el lugar exacto. Nos comentó que preguntásemos en un finca que estaba un poco más adelante y así lo hicimos. Cogimos nuestro turismo y aparcamos en la siguiente casa que vimos, ésta estaba al otro lado de la carretera. Una joven nos atendió pero tampoco nos supo decir donde se encontraba. En ese instante llegó un panadero, y nos dijo que tomáramos dirección contraria y que en el primer carril que viéramos, entráramos y en un kilómetro veríamos lo que buscábamos junto al camino. Pensamos que ya lo teníamos pero no iba a ser así. Hicimos lo que el panadero nos indicó, y tras andar dos kilómetros por el camino decidimos volvernos ya que no había ni rastro de lo que buscábamos.
La mañana iba pasando y la paciencia se iba agotando. Con el fin de no perder más tiempo decidimos irnos hacia los Dólmenes. Al llegar al cruce de la carretera de Huelva y hacer el "stop", un vehículo 4x4 con una insignia de algo referente al tema forestal estaba esperando para incorporarse a la carretera de donde veníamos. Vi el cielo abierto y no dudé en preguntarle. Era nuestra última oportunidad. El amable caballero tampoco lo sabía pero me dijo que había quedado con un compañero suyo que conocía muy bien el Espinillo. Le seguimos con nuestro coche hasta las inmediaciones del Membrillo donde esperamos la llegada de su amigo. Tras esperar unos diez minutos llegó el esperado compañero con otro 4x4, y por fin alguien sabía el lugar exacto. Ahora ya empezamos a creernos que encontraríamos nuestro deseado destino. Le seguimos con el coche hasta la entrada del carril. Allí nos indicó que podíamos entrar con el vehículo y que en apenas en un kilómetro encontraríamos el gran árbol. Así lo hicimos, y esta vez fue la definitiva.
Teníamos ante nosotros el Acebuche Milenario, era algo espectacular, maravilloso. No se puede explicar con palabras, hay q ir a verlo para hacerse una idea de su tamaño. El tronco era enorme, la sombra que hacia era gigantesca. Pensar que llevaba allí más de mil años era algo que me alucinaba. Tenía una de sus ramas apoyada en el suelo, a modo de bastón, para aguantar su peso igual que una persona anciana. Tenía su propia personalidad, como si sólo le faltase hablar. El ambiente que se respiraba era de absoluto relax. Hicimos un buen reportaje fotográfico y decidimos seguir nuestra ruta dirección a los Dólmenes. Me costó un poco irme, el lugar me había encantado, motivo por el que regresé unos días después con una clara diferencia, que esta vez fui directo al sitio. Es una lástima que lugares así no estén indicados. Me pareció muy mal que lo publicitaran como lo que es, algo importante, y luego sin embargo no encuentres ni una sola señal. Pero eso sí, al final lo conseguimos, pudimos disfrutar del Gigantesco Acebuche Milenario.
viernes, 27 de abril de 2012
"Gurumelo en la Cuenca"
Este abril, aún sabiendo que no había gurumelos por la escasez de lluvias, he visitado la Cuenca, y como no, he ido a dar algún paseo por esos preciosos campos en busca de alguna amanita ponderosa que se le hubiera antojado salir desafiando las leyes de la naturaleza.
El terreno estaba muy seco, demasiado, pero la ilusión nunca se pierde y las ganas de ver alguno me empujaban a recorrer encinares y jarales.
Así que salí del Alto dirección a una conocida cerca del Villar donde antaño iba mi abuelo con mi padre, con dos claras diferencias: que mi padre y yo fuimos en coche y antiguamente se hacía todo andando, y que antes volvían con los canastos llenos y este año eso era muy complicado.
Nada más llegar ya vimos que la tierra no estaba en buenas condiciones para que la preciada seta saliera, y la ausencia de "sacauras" confirmaba aún más nuestro pronóstico. Tan solo se veían las marcas de los que se habían sacado el año anterior.
Dimos una vuelta por toda la zona disfrutando del maravilloso paisaje. Recuerdo que me senté bajo la sombra de una vieja encina y al levantar la mirada tomé consciencia de donde estaba, de la tranquilidad que se respiraba. Miré hacia mi padre y le dije: "esto es estupendo, aquí no te molesta nadie. Sólo con estar aquí, aunque no haya gurumelos, ya merece la pena venir". Pensaba en el estrés de la ciudad, comparaba el ambiente de la gran urbe y sus molestos ruidos con el canto de los chinchotes que tan agradable estaba haciendo nuestra estancia. Estábamos sólos los 3, la naturaleza y nosotros dos.
Después de mirar todas nuestras ronchas y comprobar que era casi imposible que en aquel lugar saliera alguno, fuimos tomando dirección hacia el coche. Cogimos una fuerte subida junto a una alambrada y mi padre me dijo que fuera buscando cerca de ésta. A media montaña ocurrió el milagro, el grito me salió de forma automática: "!Papa, aquí hay un gurumelo!" Todo lo andado había dado su fruto, la ilusión nos inundó en un momento, teníamos delante un buen témpano, era el premio al esfuerzo y la insistencia. Estaba en pleno sol, solitario, sin compañero, como si una fuerza extraña lo hubiese puesto allí para llenarnos de alegría. Es lo único que queríamos, tener la satisfacción de ver una buena témpano y dejar su respectiva "sacaura".
Tras hacer la foto empecé a descubrirlo. La pobre amanita estaba retorcida debido a su gran esfuerzo al querer romper la árida tierra que lo cubría. Se había incluso deformado, pero eso no había impedido que desprendiera su rica fragancia. Sin duda, es lo primero que hicimos, darle a nuestro olfato el placer de apreciar uno de los mejores perfumes del mundo. Recién sacado es espectacular, el rico olor de un gurumelo de la Cuenca no tiene precio.
lunes, 9 de abril de 2012
"Antiguo Bar Currito (Alto de la Mesa)"
Esa mañana me levanté con la idea de ir a hacer algunas fotografías a Nerva, sin tener muy claro los lugares que iba a visitar, con la intención de ir improvisando sobre la marcha. Así que me monté en el coche, arranqué y cogí camino hacia la "Tierra de Artistas".
Antes de salir del Alto tuve que parar mi turismo a la derecha, la imagen que tenía delante estaba llamando a mi cámara, el Antiguo Bar Currito quería venirse a Cataluña en mi tarjeta de memoria, y como no, le hice caso. Como quién dice aún no había salido y ya estaba deseando capturar esos rincones de la Cuenca que un día tras otro ven pasar el tiempo sin que apenas nadie se fije en ellos. Podía notar como me estaba llamando la atención, como un macho que seduce a su hembra y quiere ser el protagonista que en su día fue.En esta ocasión tendría su reportaje y su entrada en el blog, y una vez más reviviría para ser recordado por quienes lo conocieron.
No hizo falta que saliera del coche, tan solo bajé la ventanilla, encendí la cámara y tiré tres fotografías para componer esta bonita panorámica. Después de varios días con el cielo completamente azul, los aviones estaban dejando el rastro de su paso. En este caso parecían caminos alejándose del histórico bar, quizás simulando las diferentes trayectorias tomadas por sus antiguos clientes. El día prometía y la primera imagen ya me resultó impactante.
Podía recordar a la perfección a la multitud de lugareños que apoyados en sus muros pasaban un buen rato acompañados de una buena copa de aguardiente. Cada vez que bajaba al Valle o regresaba al Alto estaban allí, y siempre les saludaba al pasar por su lado. Siempre pensaba que no se les perdía ningún detalle, que estaban en un punto estratégico donde controlaban el paso de la gente y de los vehículos que por aquella época iban y venían de Nerva por la vieja y ya abandonada carretera.
Sin duda estaba delante de un lugar antiguamente vivo, como muchos otro lugares de la Cuenca.
¿Cuántas veces habría pasado por allí la camioneta que iba dirección Huelva o la que iba dirección Sevilla? ¿Cuántas veces habrían pasado por allí mis amigos José Luis Danta, Francisco Martín Gálvez y Paco Labrador en su regreso de la SAFA hacia Nerva? ¿Cuántas copas se habían tomado allí los mineros al regresar de contramina? ¿Cuántas conversaciones se habían hablado dentro de sus paredes o tomando el fresco en su terraza? Son muchas las preguntas que se me venían a la cabeza, todas ellas me sumergían en el dulce recuerdo de una Cuenca brillante, en la que sus habitantes tenían un puesto de trabajo.
Al enseñar la foto a mi padre lo primero que me dijo fue: "Cuántas partidas de dominó he echado yo en el Currito sentado en la terraza....¡Qué recuerdos". Y eso es lo que me ilusiona, que recordemos esos lugares de la Cuenca que, tal como he dicho antes, un día tras otro ven pasar el tiempo sin que apenas nadie se fije en ellos.
lunes, 26 de marzo de 2012
Virgen del Rosario, Minas de Riotinto
Nunca había estado para esa fecha en la Cuenca, así que el año pasado fui en Octubre. Aunque me habría encantado no pude llegar a tiempo para ver la Esquila, me perdí escucharla en directo y notar ese olor a matalauva que la liara va dejando a su paso, inundando todo con esa rica fragancia. Pero afortunadamente aún me quedaba la procesion de la Virgen del Rosario a la que acudí con ilusión ya que no la había visto nunca.
Entre una cosa y otra llegué justo cuando había empezado la procesión. Tuve que darme prisa para sacar la fotografía que quería: la Virgen en primer plano y su iglesia de fondo.
Me pareció algo muy bonito y emocionante. Los lugareños acompañándola, la banda de música tocando, los costaleros, los adornos florales, y como no, la maravillosa imagen de la Virgen del Rosario paseando por las calles de Riotinto,su pueblo.
En el lugar se respiraba emoción, pasión, devoción, amistad, sencillez y eso me ponía los pelos de punta. Pensaba que hay cosas que aún son posibles gracias al esfuerzo personal de mucha gente entregada a las tradiciones de su tierra y eso es algo que destacar. Gracias a ellos estas costumbres no se pierden y eso espero, que nunca se pierdan.
Lo observaba todo, no quería perderme ni un detalle. Tenía ganas de ver algo que había podido disfrutar en fotografías de años anteriores: a Manuel Palomo Mora con su hijo en brazos al mismo tiempo que llevaba el paso sobre sus hombros. Esa imagen se queda grabada, es realmente emotiva.
Fui haciendo el recorrido y saludando a conocidos que iba encontrándome por el camino. Al acabar fui a tomar una copa al Sindicato con mi padre, mi mujer y nuestro amigo Manuel Clavijo. Estaba saboreando unos momentos únicos, así es como suelo pasar mis días en la Cuenca, aprovechando cada instante al máximo. Todo es mágico, hasta el más mínimo detalle, como suelo decir, es Otro Mundo.
Voy a compartir la historia que Manuel Palomo Mora me ha explicado sobre su Pregón a la Virgen del Rosario en el año 2009, me ha emocionado, es una gran historia:
"Fue un flash; una reacción instantánea la que tuve...”Juanjo, tráeme al niño” Y Juanjo, mi hermano Juanjo, me miro y se sonrió, cogió a mi hijo en brazos, ante la mirada de Vanessa y me lo dio...y en aquel instante el mundo se paro para mi...
El tiempo se detuvo, solo estábamos TU, el pequeño Jesús y YO……..Lo que hablamos en aquellos segundos eternos quedaran para nosotros, pero si diré que desde aquel momento creo que tienes un nuevo costalero, que en sus dos años y poco de vida ya ha estado bajo tus plantas en tres ocasiones, como uno más de nosotros, y que te llama “la guapa”, y que quiere tener “bola” para cogerte, para llevarte……..
¿ Que podía yo esperar si ya en el vientre de su madre Paco le tocaba la Campana al lado……………Y Raúl le agitaba el cuerno….”Pa que se acostumbre al ruido”, decía Raúl……" (Manuel Palomo Mora)
miércoles, 14 de marzo de 2012
"Un pueblo enterrado, la Mina Abajo"
Miles de toneladas encima, todo enterrado, tan solo el recuerdo de los que la conocieron y las fotografías antiguas es lo que nos queda de la Mina Abajo.
El día que fui a la zona de la Estación del Medio me dirigí a la antigua carretera que venía de Nerva y caminé por ella en dirección al Alto de la Mesa. Al poco rato tuve que parar en contra de mi voluntad, la carretera quedaba totalmente cortada por la gran masa de estériles que le habían hechado encima. Allí me quedé un rato sin sacar la cámara, notando como la pena, la impotencia y la rabia me envolvían completamente.
Mi padre se había quedado esperándome bajo la sombra de una higuera que estaba bastantes metros alejada de ese punto, no sin antes explicarme como se llegaría a la Mina Abajo si no estuviese todo enterrado. Así que una vez allí intenté imaginarme lo bonito que habría sido si pudiéramos haber continuado nuestro paseo hasta la Mina. Pero eso ya no era posible, y lo peor de todo, ya nunca lo podría hacer. Me habría encantado hacer un buen reportaje en el lugar donde se crió mi madre, andar por la calle Méndez Núñez saboreando cada detalle, viendo las ruinas de la antigua casa de mis abuelos maternos. Es un sueño que nunca se hará realidad, de ahí la sensación de pena, impotencia y rabia que comentaba anteriormente, tan sólo fotografías antiguas y recuerdos de los que conocieron el lugar es lo que me queda, y con eso, lo quiera o no, me tendré que conformar.
¿Cómo se puede hacer desaparecer un pueblo con tanta historia? ¿cómo se permite que se hagan cosas así? Y los sentimientos , las vivencias, el lugar donde te has criado, todo eso, ¿dónde queda? En fin, el dinero lo pisa todo, y bien pisado.
Estaba frente a aquella montaña de piedras y sabía que debajo de todo aquello estaba mi sueño. Habría empezado en ese mismo instante a sacar piedras como un loco, intentando llegar a las ruinas que deben quedar bajo todo aquellos vacies, sin parar hasta llegar a la entrada del antiguo pueblo. Pero la realidad me hizo sacar mi cámara y hacer esta fotografía.
Al volver hacia donde mi padre me estaba esperando, me vino a la cabeza la de personas que habían pasado por esa carretera. Me acordé de las caminatas que mis amigos José Luis Danta Rubio y Francisco Martín Gálvez se pegaban en su regreso hacia Nerva cuando volvían de la Safa. Me los imaginaba bajando, deseando llegar a su pueblo, no sin antes hacer una parada en las Oficinas de Cocheras donde tomaban el traguito de agua fresca de un buen búcaro que les empujaba hacia su tierra de artistas.
Nosotros cogimos dirección hacia el coche alejándonos de la abandonada carretera. Mientras caminaba pensaba que no conocía a nadie que me hubiera hablado mal de la Mina Abajo, todo el mundo la recordaba con mucho cariño. Aunque allí se vivieran momentos muy duros, todos la querían en pie y no enterrada.Las palabras que más se utilizan al hablar de ella no son otras que estas: ¡QUÉ PENA! y eso mismo pienso yo: ¡QUÉ PENA! me habría encantado conocerte.
viernes, 2 de marzo de 2012
"El Zumajo"
Hay muchos lugares en la Cuenca que no se valoran lo suficiente y el Zumajo es uno de ellos.
Cuando voy en verano a darme un bañito y relajarme bajo una sombra, veo que en lugar no hay prácticamente nadie. Lo primero que me viene a la cabeza es que los lugareños no saben lo que tienen a dos pasos de su casa, o por lo menos, que no lo aprecian tanto como los que venimos de fuera.
Cada vez que he estado en la Cuenca lo he visitado. En primavera, en verano, en otoño y en invierno. He ido caminando, corriendo, en bici, en moto y en coche. La mayoría de las veces de día, aunque también he disfrutado del cielo estrellado de una noche veraniega, sentado en el Muro Grande y con la mejor compañía.
Recuerdo lo bien que me lo pasaba de pequeño buscando piedras planas por la orilla para tirarlas al agua y hacer que dieran el máximo número posible de cortes. También los buenos ratos jugando en el agua con los lagartos que tan cariñosamente me compraban en San Roque.
Me acuerdo de los momentos tan divertidos con los amigos de la adolescencia, pasando tan rápida la tarde que cuando te dabas cuenta ya era la hora de irte. Al igual que nadar en sus tranquilas aguas y los bonitos paseos en piragua. O el año que pasamos muy buenos ratitos pescando carpas y soltándolas nada más cogerlas. La ilusión era coger una grande o una carpa real.
Al mirar la foto también me ha venido a la mente lo a gusto que me tomaba las copitas de aguardiente sentado en la terraza del antiguo Club, por fin abierto al público para el uso de todos y no sólo para algunos. Y como no, el estado de relax disfrutando del bonito canto de los jilgueros y de algún verdón marcando su territorio, las chicharras machos emitiendo su característico sonido para atraer a las hembras, y todo envuelto por una delicada fragancia a pino.
¿Cómo no voy a apreciar este fabuloso dique? Estos espacios hay que valorarlos, cuidarlos, respetarlos y darlos a conocer. Es un gran atractivo turístico como muchos otros lugares de la Cuenca, que si estuviera todo bien organizado llenarían el lugar de visitantes y del trabajo que tanta falta hace.
Sería el "Gran Parque Histórico-Turístico de la Cuenca Minera de Riotinto" y posiblemente uno de los más visitados del planeta.
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